Una buena comida, tu mejor aliada

Una buena comida, tu mejor aliada

Parece que muchos de los alimentos que ingerimos son adecuados, pero ¿realmente sabemos cómo influye en nuestra salud la alimentación? ¿Sabemos escoger los alimentos más adecuados?

Parte de la respuesta a estas preguntas, se observa en la cesta de la compra del día a día del consumidor medio: zumo y bollería de chocolate para el almuerzo del niño en el colegio, cerveza y pizza para ver el fútbol, alimentos precocinados por comodidad y falta de tiempo, etc. Evidentemente, ninguna de estas opciones son las más saludables. Pero, ¿Qué es lo que hace que consumamos este tipo de alimentos y no los más adecuados? Analicemos algunas de estas causas.

En primer lugar, la elección de muchos de estos alimentos está determinada por su adicción. Está demostrado que los alimentos ricos en azúcares producen  un impulso anímico que puede levantar el estado de ánimo (de esto es responsable una hormona llamada serotonina). Por este motivo, escogemos alimentos dulces en celebraciones especiales, así como en momentos de tristeza. Un exceso de azúcares, puede tener consecuencias nefastas para la salud. Otra propiedad que determina la adicción es la palatabilidad, es decir, la cualidad de un alimento de ser de agrado al paladar. Un ejemplo son los productos de bollería industrial como bollos y rosquillas, que contienen cantidades significativas de grasas hidrogenadas (“grasas malas”), para aumentar esta propiedad a la que nos referimos.

Al seguir analizando algunas de estas causas, nos damos cuenta que muchos alimentos de bajo valor nutricional tienen un alto grado de accesibilidad al consumidor. Tanto por precios asequible al bolsillo de un niño, como la disponibilidad en todo tipo de supermercados, tiendas, kioskos, hospitales, etc. Porque, ¿Quién no ha visto nunca una máquina expendedora con alimentos superfluos en los lugares más inesperados como un hospital o centro educativo? Lugares en los que teóricamente debieran de cuidar nuestra salud.

Por otro lado, estamos inmersos en una sociedad  que impone un estilo de vida rápido, exigiendo siempre la inmediatez limitando el tiempo de dedicación a la planificación y elaboración de los alimentos. Son muchas las situaciones en las que la falta de interés o  la comodidad  impiden una correcta nutrición. Alimentarse bien no requiere tanto tiempo y esfuerzo, sino disponibilidad y actitud para su preparación.

Otro aspecto importante que nos hace tomar malas decisiones en la elección de los alimentos es el impacto publicitario. Es mucha la inversión económica realizada por la industria alimentaria destinada a aumentar el consumo de sus productos, muchos de ellos  potencialmente dañinos a nuestro organismo. Paradójicamente, estas entidades patrocinan numerosos eventos cuyo fin es la promoción de la salud. Podemos ver a diario, como nos bombardean con infinidad de anuncios publicitarios de alimentos como galletas, helados, alimentos procesados, para nada recomendados, sugiriendo que su consumo es placentero  e inocuo para la salud.

Visto que son muchas las circunstancias que influyen en la elección de los alimentos, resulta interesante plantearse la siguiente cuestión: ¿Conoce la gente las alternativas alimentarias más saludables a la hora de hacer la compra?,  y más importante aún, ¿conoce el por que?

Ciertamente, la realidad nos muestra que no se siempre se escoge lo mejor. Existen numerosos estudios que afirman que nos estamos alejando cada vez más del patrón de Dieta Mediterránea, una forma de alimentarse tan arraigada desde antaño en nuestro territorio, catalogada por muchos como la más saludable de todas. Estos nuevos patrones de alimentación se basan en un consumo excesivo de alimentos de origen animal, especialmente de carnes y derivados, y alimentos con gran cantidad de azucares simples y grasas saturadas. Suelen ser hábitos alimentarios propios de las sociedades del norte de Europa o cultura anglosajona.

Volviendo a la cuestión anterior, que hace referencia a nuestra capacidad de seleccionar los alimentos más adecuados, se entiende que es fundamental comenzar a adquirir unos buenos hábitos saludables desde la infancia hasta el final de nuestra vida. Por ello, es de vital importancia potenciar la educación alimentaria desde la más temprana edad.

Tras este breve análisis de aquellos factores que influyen en una incorrecta elección alimentaria, se pretende que el consumidor reflexione acerca de aquellos hábitos nada saludables que influyen en nuestro bienestar. Por ello, es necesaria la figura de un experto que nos orienten para tomar las decisiones más adecuadas en materia de alimentación.

¡Aprende a comer bien, tu salud te de lo agradecerá!

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